1987: batalla copera
“Se perdió una batalla no la guerra” Así gritaba cada vez que pasaba un singular vecino en su bicicleta de carrera, contestando la burla futbolística de otros vecinos bolsos. No era una declaración pendenciera, era la burla típica pelotera entre dos rivales del mismo juego, esa dicotomía folclórica típica del deporte más famoso del mundo: el fútbol. Tal vez, escondan algún rencor o envidia personal, pero se camufla dentro de ese juego de gastadas. La frase correspondía al ciclista dueño del bar del barrio que también funcionaba como almacén; a fines de los 80, bares y almacén eran sinónimos. Siendo niño podías ir al almacén a comprar chicles Bazooka [1] con figuritas coleccionables y ver hacia la izquierda algún parroquiano apoyado en ese enorme mostrador con el vaso en la mano; detrás la impactante heladera de puertas de madera que nunca olvidaremos su sonido al...