CASLA: el karma de San Lorenzo

Sanfilippo, jueces y W. Martinez en el Centenario
Se jugaban las primeras semifinales de la historia de Copa Libertadores entre los campeones de Argentina y Uruguay: Club Atlético San Lorenzo de Almagro y el Club Atlético Peñarol.  La llave fue muy pareja, al punto tal de que igualaron 1 a 1 en Uruguay el 18 de mayo y en el desquite en el estadio de Huracán, 0 a 0 derivó en un desempate, y aquí fue donde los dirigentes del conjunto charrúa tuvieron la lucidez de notar la importancia que la competición iba a tener a futuro. Porque Alberto Bove, entonces presidente de San Lorenzo, aceptó la oferta, y a cambio de 50.000 pesos el partido se disputó en el estadio Centenario, como en la ida.   "A nosotros recién nos avisaron cuando todo estaba cocinado. Yo como capitán no hubiera aceptado de ninguna manera", recuerda José Sanfilippo.  Y agrega[1]: "Pero entonces los dirigentes tomaban las decisiones sin consultar. Ahora cambió un poco todo. Lo decidió un hombre que tocaba el violín (en referencia a Bove), cuando enfrente estaba un tipo como Washington Cataldi, que era un dirigente fenomenal, a la altura de Havelange o de Grondona. Lo dio vuelta con una media. Fue una lástima porque ese desempate teníamos que haberlo jugado en Chile o en otro campo neutral".                                                                                                                                       Desde un bando u otro se ha escrito sobre ese intercambio de localia, las palabras del polémico ex-goleador definen las posturas, virtudes políticas de los dirigentes uruguayos vs dirigentes con poca visión o simplemente, vendidos.   La realidad de la región era preocupante, Argentina no escapaba a ello, cambios económicos y aumento del autoritarismo de Estado. La presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962) en esos años vivió varios levantamientos militares, que derrocaran el gobierno electo democráticamente (pero con el exilio de Perón).  El novel trofeo continental no brindaba insumos, solo recaudaciones buenas podían mitigar gastos o brindar un premio financiero. Para mitigar gastos de los árbitros, los líneas eran locales, solamente se debía pagar al juez (país neutral) principal, impensable hoy en día y generaría grandes polémicas hasta su cambio reglamentario.                                                                                                                                                   
Frondizi en el acto 150 años...
                           
Peñarol había vendido el 19 de abril (feriado nacional) casi 46.000 entradas en su casa.   La revancha se establece para el martes 24 de mayo, nada menos que un día antes de los 150 años de la “Revolución de Mayo”.  Tal vez explican los dichos del DT Roberto Scarone “llegamos (a Buenos Aires), ni el chofer del taxi sabía que había un partido entre San Lorenzo y Peñarol[2]”. El trofeo en sí mismo, todavía no tenía la importancia necesaria en Argentina hasta la participación de Boca Juniors llegando a la final en 1964 e Independiente ganándola un año después. Días después en la cancha de Huracán (el Palacio Duco), San Lorenzo había vendido tan solo 6.000 entradas y tras empatar nuevamente debían recurrir a una finalísima. El joven reglamento de la CSF marcaba la definición en cancha neutral, las alternativas viables eran Santiago de Chile, pero un sismo reciente la descartaba, Asunción de Paraguay no era una plaza apetecible.  Entonces, los dirigentes mirasoles se mueven rápido y ofrecen el famoso regreso a Montevideo, además acepta que la dupla de líneas del juez paraguayo José Larrosa, sean argentinos.   El estadio mundialista Centenario vendía 45.882 boletos sumando 161 millones de pesos (unos 15.000 dólares de esos años[3]) recaudando la paga prometida y quedando un remanente para Peñarol.   En césped, San Lorenzo perdía 2 a 1 en la hora y se quedaba sin disputar las primeras finales de América, pero lo peor fue la gestación del karma copero, en cada fracaso en el torneo, San Lorenzo pasaría a ser Club Atlético Sin Libertadores de América (CASLA) para las burlas populares.   Pero nada es para siempre, el miércoles 13 de agosto de 2014 San Lorenzo levantaba su gran obsesión al cielo: la Copa Libertadores de América era suya y la famosa revista El Gráfico -en sus últimos días- decía en tapa "San Lorenzo quebró un maleficio de 54 años y es el dueño de América".

[2] Luciano Álvarez “Historia de Peñarol” (2011)
[3] Eduardo Rivas “8 copas 8 historias” (2019)

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