1961:primer escándalo copero:



José PEPE Sacía
La gloriosa Copa tiene noches mágicas y noches oscuras que son todos condimento de la mística copera.  Serán verdaderas batallas por victoria, la gloria y hasta por la patria; serán titulares en la prensa escrita de los perdedores y triunfadores. Sin televisación, esas jornadas trasmitidas por radio o cronistas quedaron el folclore copero, artimañas de todo tipo: jugadores, publico, policías o picaros -si se los puede llamar así- dirigentes que quedaran en la historia oral con toda la subjetividad y selección que tiene la memoria de los actores y periodistas presentes.               El primer escándalo será en la segunda edición, un 27 de mayo de 1961 Peñarol enfrentaba nuevamente a Olimpia en Asunción en el Estadio Puerto Sajonia, esta vez por semifinales. En Montevideo, los aurinegros ganaron 3 a 1, logrando la diferencia en el último cuarto de hora.  Hubo tres expulsados, dos para la visita y el clima quedó caliente, muy caliente para la revancha en tierras guaraníes.  Los paraguayos inculparon a Sacía; José “Pepe” Sacía, un personaje de barrio, bien de barrio con carisma a piel y sensibilidad social a flor de piel. Que mejor lo describa una gran canción:
“El Pepe tenía en la sangre
 la bronca del corralón
y la escuela del arroyo
era su libro mejor.
 Peleador de barrio pobre
 sin boca de charlatán
 Aire Puros te recuerda
como corazón de pan.
José Sacia amigo fiel (…)
Evocación de una leyenda
de polvo que no hablará
 que no habla nunca si le preguntan
porque en silencio sabés jugar. 
Jugador, jugador el echaba el resto
donde hubiera que largar
con pelota o sin pelota
 terror del área penal[1]

Guelfi de regreso a Montevideo
Camino a Paraguay, el presidente mirasol[2]  le dijo “a usted no le conviene ir...decían que peligraba mi vida. Cuando llegamos al aeropuerto ese era el comentario, yo no salí del hotel sino para embarcar de regreso e ir a la cancha y tuve custodia permanente” decía el Pepe.  En el partido, “Peñarol manejó el partido porque en aquel equipo había hombres.  Todos los paraguayos creían que íbamos a entrar achicados, amontonados atrás, tirándola lejos para que no volviera y haciendo tiempo. Nada de eso. Entramos matando…”  El momento de Sacía será el penal que remata y le otorga el triunfo a Peñarol, así lo cuenta “momento crucial…Un penal es una lucha mental entre el arquero y el que patea. Agarré la pelota y la puse lentamente en el punto blanco. Demoraba a propósito. El juez argentino Praddaude me decía bajito tírelo de una vez que me complica la vida. Pero yo no me apuraba, reclamaba por algún paraguayo mal colocado, daba vuelta.  Mi temor era que alguna naranja pegar en la pelota justo cuando iba a patear. Pero tuve suerte, pasaban cerca, ninguna le pegó y metí el gol”[3].   Folclore copero, mística copera otros dirán…Peñarol ganaba 2 a 1 y pasaba a las finales nuevamente, el Gastón Guelfi[4] terminaba con la cabeza rota por una pedrada.  “Lo peor -continuó Sacía- pasó cuando el juez: no nos podíamos arrimar al túnel, porque era una cortina de proyectiles. Estuvimos como dos horas en el círculo central.  En el vestuario, ya de noche, trataron de forzar la puerta. Si llegaban a entrar, no la estaría contando[5]”.  No sería la última historia del popular Pepe en la Copa.


[1] Canción compuesta por Jaime Roos y Enrique Estrázula (1995)
[2] Contador Gastón Guelfi  (1958-1973)
[3] Franklin Morales “Historia de Peñarol”, fascículo 12. Diario La Mañana (1988)
[4] Presidente de Peñarol en su mayor gloria deportiva (1958-1973)
[5] Luciano Wernicke “Historias insólitas de la Copa Libertadores” (2015)

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